El BNG denunció públicamente que la presión del PPdeG y del Gobierno de Alfonso Rueda provocó la cancelación de una reunión de su líder, Ana Pontón, con el comisario europeo de Agricultura, Christophe Hansen, prevista para el 3 de marzo en Bruselas. El encuentro, “cerrado y confirmado” desde el 13 de febrero, fue abortado horas después de que el BNG lo anunciara, alegando la Comisión un cambio “inesperado” en la agenda del comisario (que, ese día, sí recibió a Rueda). Pontón acusó al PPdeG de exhibir “un talante antidemocrático” al impedir que ella defendiera el sector ganadero gallego ante la UE.
Por su parte, el presidente Alfonso Rueda negó cualquier presión al afirmar que “no ha habido ninguna presión” sobre la Comisión y deslizó que a Pontón “no le entiende mucho de las cosas que pasan en Galicia”, intentando descalificar la crítica. Estas declaraciones —en las que Rueda presumió de “respeto por las instituciones europeas” mientras la presidenta gallega le acusaba de maniobras políticas— reflejan la escalada de tensión entre ambas formaciones. El episodio pone de manifiesto cómo el PPdeG, lejos de mantener una actitud moderada, recurrió a bloquear incluso contactos internacionales del BNG al sentirse amenazado por el avance nacionalista en Galicia.
El partido de Rueda se siente por primera vez realmente desafiado en Galicia, y por ello abandona la moderación para emplear tácticas extremas.
La tensión se trasladó al Parlamento gallego poco después. Por primera vez en su historia reciente, el PPdeG bloqueó con su mayoría absoluta una propuesta institucional del BNG: la designación de Fernando de Abel Vilela como adjunto (vicevaledor) de la Valedora do Pobo (Defensora del Pueblo). Los populares rechazaron a Vilela, argumentando que era “un activista incompatible con el cargo” por sus vinculaciones ecologistas, rompiendo así el consenso habitual de paridad político-partidista en este tipo de nombramientos. La viceportavoz del BNG, Olalla Rodil, reprochó a los populares este “veto político sen precedentes”, señalando que “non teñen palabra, son un partido no que non se pode confiar”. Subrayó que el candidato del BNG cumplía con todos los requisitos legales aprobados por la Mesa y que el PSOE fue excluido del debate. Enfrente, la secretaria general del PPdeG, Paula Prado, defendió la decisión como un rechazo a una candidatura “no consensuada” e insistió en que el PP no había vetado nada, sino que el BNG quería “impor” su candidato. Finalmente, la votación parlamentaria —con apoyo solo del BNG y del diputado de Democracia Ourensana— validó el veto del PPdeG gracias a su mayoría absoluta.
Este bloqueo histórico de una designación consensuada rompe con la tradición de lealtad institucional. Mientras en la anterior etapa los nombramientos del Valedor eran prácticamente automáticos para todas las fuerzas políticas, ahora el PPdeG impuso su voluntad. El propio portavoz del BNG advirtió que con esta actitud el PP “rompe un pacto institucional y materializa un veto político sin precedentes”, traducido en la abrupta pérdida de uno de los pocos espacios compartidos de gobernabilidad. Estos hechos ilustran cómo el PPdeG percibe su poder amenazado por el ascenso del BNG. Tras las elecciones de febrero de 2024 el Bloque alcanzó unos resultados históricos (25 escaños), situándose como segunda fuerza. Convencido de su mayoría, el PP ha reaccionado con presiones extrainstitucionales y votos en el Parlamento para neutralizar la presencia del BNG. En Bruselas el PP intentó anular un encuentro de Pontón con la UE; en Santiago rechazó una propuesta de su adversario. Estas medidas evidencian que el PPdeG considera al BNG un rival real a su hegemonía.
Veto político sin precedentes: El bloqueo en la Cámara gallega fue calificado de “veto político sen precedentes”. Hasta ahora, los nombramientos del Valedor do Pobo (y su adjunto) solían decidirse por pactos de mínimos entre partidos. Romper esa costumbre supone elevar el conflicto político a niveles inéditos. Solo BNG y Democracia Ourensana apoyaron al candidato del Bloque; el PSdeG se abstuvo tras quejarse de quedar «excluído» del proceso. Este fue el primer veto tan beligerante en la historia democrática gallega, según denuncian los nacionalistas. Pérdida de moderación y “sentidiño”: Con estas actitudes, el PPdeG parece renunciar a su tradicional imagen de moderación y “sentidiño” (sentido común). En su investidura, Rueda anunció que gobernaría con “moderación, prosperidad y sentidiño”. Ahora su grupo parlamentario recurre a tácticas confrontativas —veto sistemático del rival, presiones políticas— que se alejan del perfil institucional conciliador que venía pregonando. Este giro expone la pérdida de centralidad y moderación del PP en Galicia, y muestra que ya no opera como fuerza de consenso. La contundencia de su respuesta refuerza la tesis de que teme las consecuencias a largo plazo del crecimiento del BNG y decide actuar con mano dura para frenar cualquier cambio de escenario político.
La cancelación de la cita en Bruselas y el veto al candidato del BNG para adjunto al Valedor do Pobo son episodios vinculados por la misma lógica: el PPdeG ha decidido extremar sus posiciones para proteger su mayoría. Las claves políticas indican que el partido de Rueda se siente por primera vez realmente desafiado en Galicia, y por ello abandona la posición de moderación para emplear tácticas agresivas. Este enfrentamiento abierto entre PP y BNG marcará sin duda la dinámica política gallega en los próximos meses.








