Aglutinar el voto de izquierdas: Rufián propone para España lo que el BNG ya hace en Galicia.

por | Feb 20, 2026 | Política

La propuesta de Gabriel Rufián para crear un frente común de izquierdas en toda España – una fórmula inconcreta para maximizar escaños frente a la derecha – se ha colocado en el centro del debate político en las últimas semanas. Sin embargo, esa lógica no opera igual en todos los territorios. Es el caso en Galicia y Euskadi, donde la concentración del voto progresista alrededor de una fuerza propia ya opera como mecanismo de eficiencia y eficacia electoral. Por poner el caso de Galicia, no existe un volumen significativo de voto disperso que haga necesaria una nueva agregación transversal de partidos estatales ya que las formaciones nacionalistas consolidadas ya absorben buena parte del electorado de izquierda (en muchos casos por encima del propio PSOE que la propuesta de Rufián ni se plantea superar), y transforman ese apoyo en representación parlamentaria de forma efectiva.

Esa realidad estructural explica por qué, en Galicia, una propuesta de agregación estatal puede resultar anticuada o contraproducente: no solo podría no mejorar la representación sino que podría generar confusión o desmovilización entre votantes que ya reconocen al BNG como su alternativa política de referencia. Tanto es así que en las elecciones autonómicas de 2024 el BNG obtuvo 25 escaños, consolidándose como primera fuerza de la oposición, superando ampliamente al PSdeG en votos y representación parlamentaria. Además, el partido nacionalista no solo lidera la oposición autonómica sino que gobierna en ciudades clave como Pontevedra y Santiago además de estar en condiciones de disputarle Lugo al PSOE.

Si VOX es una fuerza atractiva para los jóvenes de muchas regiones de España, en Galicia el BNG es la primera fuerza entre los menores de 40 años, por delante de PP y PSOE.

El principal argumento que motiva la propuesta es evitar que la extrema derecha llegue al poder. Tampoco atinan los promotores en el caso de Galicia y Euskadi. Tan diferente es la situación de VOX en las dos comunidades que mientras que el partido de Santiago Abascal ha logrado consolidarse y crecer en casi toda España, en Galicia no tiene representación en el Parlamento autonómico y su peso electoral es casi anecdótico.

La debilidad de VOX en Galicia y Euskadi no es una anomalía estadística, sino el resultado de una estructura política distinta. En gran parte del Estado, el eje dominante sigue siendo la superación del «sanchisnmo» y el voto joven descontento oscila entre la abstención o opciones de ruptura por la derecha. Sin embargo, en Galicia y Euskadi el conflicto político incorpora de manera central la dimensión territorial e identitaria, lo cual reorganiza completamente el tablero. El espacio de cambio y de impugnación del statu quo no está vacío: lo ocupan proyectos nacionales con arraigo social y capacidad movilizadora como el BNG y que no se presenta solo como alternancia ideológica, sino como propuestas de país.

Esa diferencia es decisiva. Allí donde existe una oferta política que formula un horizonte propio —institucional, cultural y económico—, la extrema derecha encuentra menos espacio para crecer. Parte del electorado joven que en otros territorios podría canalizar su malestar hacia opciones reaccionarias encuentra aquí una vía de afirmación en clave constructiva. En Galicia —y también en Euskadi— el voto no se articula tanto desde el miedo a VOX como desde la posibilidad real de construir algo nuevo: una pulsión en positivo, basada en la acción y en la expectativa de un futuro distinto, más que en la reacción defensiva frente a la agenda estatal. Si VOX es una fuerza atractiva para los jóvenes de muchas regiones de España, en Galicia el BNG es la primera fuerza entre los menores de 40 años, por delante de PP y PSOE.

Allí donde existe una oferta política que formula un horizonte propio —institucional, cultural y económico—, la extrema derecha encuentra menos espacio para crecer.

Sea como fuere, el BNG ha dejado claro que no se integrará en la propuesta de Rufián ni concurrirá a las generales bajo un bloque unitario estatal. Ana Pontón, portavoz nacional del partido, ha declarado que el BNG se mueve en una clave diferente y ha subrayado que el panorama electoral en Galicia es distinto al resto del país, ya que no se encuentra representación de la extrema derecha. El diputado vasco, Oskar Matute, también ha rechazado el proyecto y ha marcado distancia afirmando que no debe confundirse la unidad de acción política con la electoral, poniendo en evidencia que en territorios con partidos fuertes y consolidados, la idea de reconfigurar un espacio de izquierdas desde Madrid pierde sentido ya que la dispersión de voto de izquierdas no se da con la misma intensidad que en otras circunscripciones sin fuerzas nacionales potentes.

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