El portavoz del BNG en el consistorio lucense presenta su candidatura para las municipales de 2027 rodeado de concejales, diputadas y militancia. Reivindica siete años de gestión, acusa a la Xunta de bloquear proyectos y avisa de que el nuevo gobierno popular viene «a borrar todo lo que había»
Cuatro días. Ese es el tiempo que tardó Rubén Arroxo en pasar del pleno de la moción de censura a la sede del BNG para formalizar su candidatura a la alcaldía de Lugo de cara a las elecciones de mayo de 2027. El jueves 7 de mayo, una mayoría de PP y la tránsfuga María Reigosa desalojó al gobierno de coalición PSdeG-BNG del consistorio lucense. El lunes 11, Arroxo ya estaba ante los medios, rodeado de sus concejales, las diputadas Olalla Rodil y Montse Valcárcel, y una sede llena de militancia. Será la cuarta vez que se presente como alcaldable, desde que se estrenó en el cargo con 29 años en 2015.
La velocidad del movimiento no es anecdótica. En política local, el candidato que controla el relato de la derrota condiciona también el de la recuperación. Y Arroxo eligió no esperar.
La frase con la que abrió su comparecencia es la que mejor resume el tono de toda la candidatura. «Normalmente a primeira vez que un se presenta para ser alcalde é cando máis ilusión ten, pero teño que dicir que cando máis ilusión sinto é agora, con diferenza, por toda a situación que se deu, polo reto e polo cariño que sinto da xente», afirmó. No es la retórica habitual del candidato que pierde y promete volver. Es algo más específico: la moción de censura, que debería haber debilitado al BNG, parece haberle dado energía.
El propio Arroxo lo explica en términos de mandato ciudadano. «Estamos a vivir un clamor de xente que mostra o seu rexeitamento ao que pasou e que nos di que dentro dun ano temos que volver», dijo, en referencia directa a la manifestación de 6.500 personas que el 24 de abril llenó la Praza Maior bajo el lema Transfuguismo non, democracia si. «As circunstancias danse, a xente pídeo e a militancia está convencida de que imos ter a Alcaldía de Lugo. Creo que estamos no mellor momento da historia para acadala», afirmó.
«Botáronnos do goberno porque o BNG estaba a deixar unha importante pegada e o PP sabía que canto máis estivésemos no goberno, máis iamos demostrar o traballo feito e a transformación de Lugo»
El eje de la candidatura no es la denuncia de la moción, aunque está presente como telón de fondo, sino la reivindicación del trabajo hecho. Arroxo dedicó buena parte de su intervención a lo que el BNG construyó en siete años de gobierno —desde 2019— y a la lectura política de por qué el PP lo desalojó ahora. «O traballo que fixemos deixou pegada e a cidadanía víao con simpatía. A proba é que no pleno da moción de censura, o PP referiuse a proxectos que dicía que se fixeran mal nos últimos anos, incluso décadas, e non foi capaz de nomear nin un só do BNG», destacó.
El argumento es quirúrgico: si el PP no criticó ningún proyecto nacionalista en el pleno de la moción, es porque no tenía base para hacerlo. Y si no tenía base, la operación responde a cálculo político, no a rendición de cuentas. «Botáronnos do goberno porque o BNG estaba a deixar unha importante pegada e o PP sabía que canto máis estivésemos no goberno, máis iamos demostrar o traballo feito e a transformación de Lugo», sostuvo.
Entre los proyectos que Arroxo reivindica como marca propia están las transformaciones de espacio público: «Transformamos un espazo polo que pasaban centos de coches cada día nunha praza peonil polivalente», dijo en referencia a A Mosqueira, que el BNG ha convertido ya en símbolo del modelo de ciudad que defiende. El partido ha comenzado incluso a enseñar ese modelo a ediles de otros municipios: el fin de semana anterior a la candidatura, concejales del BNG de Narón visitaron Lugo para conocer las transformaciones urbanísticas impulsadas por el Bloque.
Uno de los argumentos que Arroxo activará durante la campaña tiene que ver con la responsabilidad de la Xunta en el estancamiento de proyectos estructurales para la ciudad. Durante su comparecencia acusó directamente al gobierno de Rueda de haber paralizado iniciativas como la recuperación de A Tinería, el Museo da Romanización o el Plan Paradai. El razonamiento de fondo es políticamente incómodo para el PP: si estos proyectos se desbloquean ahora que el partido gobierna también el consistorio, quedará demostrado que el bloqueo era político; si no se desbloquean, el nuevo gobierno no tendrá agenda propia más allá de lo que deje el BNG.
«Si ahora desbloquean proyectos, será un escándalo», había advertido Arroxo días antes en declaraciones a Cope Lugo.
La primera acción del nuevo gobierno de Elena Candia —retirar la bandera palestina de O Vello Cárcere a las tres horas de tomar posesión— no pasó desapercibida para Arroxo. «Vén unha liña de tratar de borrar todo o que había», advirtió. Y lo contextualizó con un ejemplo concreto: cuando el BNG transformó los entornos de los colegios para fomentar la movilidad peatonal, el PP los criticaba «porque quería que os coches circulasen máis rápido». «É unha posición ideolóxica», remarcó, dejando claro que la disputa en Lugo no es solo de gestión, sino de modelo de ciudad.
El BNG abrió formalmente el plazo para presentar candidaturas internas, que cierra este jueves. Antón Bao, responsable local de la formación, dejó claro el modelo del partido: «Nós non temos paracaidistas nin elites que escollen». La candidatura deberá ser ratificada por la militancia en una asamblea local prevista para finales de mayo y posteriormente por los órganos comarcales y nacionales. No hay ningún nombre alternativo sobre la mesa.
La imagen con la que Arroxo cerró su intervención el lunes —una sede llena, rodeado de los mismos concejales que acaban de perder el gobierno— transmite algo que en política municipal raramente se da después de una derrota: cohesión. Y en 2027, en una ciudad que acaba de ver cómo se le arrebataba el gobierno por la vía del transfuguismo, esa cohesión puede valer más que cualquier campaña.









